Qué es la asertividad:
Hablamos sobre la asertividad a menudo, sobretodo para decir que nos «gustaría ser asertivos» o «nos gustaría saber decir que no».
Sin embargo no es un concepto fácil de definir. La asertividad consiste en:
Comunicarse respetando a los demás y haciéndonos respetar a nosotros mismos. Es decir, defender nuestras propias necesidades frente a las exigencias de los demás sin utilizar comportamientos agresivos o violentos.
Los derecho asertivos:
Diferentes autores hablan de los derechos asertivos, que expongo a continuación, porque considero que es un conocimiento que todos tendríamos que tener presente:
- Derecho a ser tratados con respeto y dignidad.
- Derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
- Derecho a ser escuchado y tomado en serio.
- Derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
- Derecho a decir «NO» sin sentirme culpable.
- Derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir «no».
- Derecho a cambiar.
- Derecho a cometer errores.
- Derecho a pedir información y ser informado.
- Derecho a obtener aquello por lo que pagué.
- Derecho a decidir no ser asertivo.
- Derecho a ser independiente.
- Derecho a decidir qué hacer con mis prioridades, cuerpo y tiempo, mientras no se violen los derechos de otras personas.
- Derecho a tener éxito.
- Derecho a gozar y disfrutar.
- Derecho a mi descanso, aislamiento.
- Derecho a superarme, aún superando a los demás.
¿Os identificáis con cada uno de los puntos de la lista?
Releerla y ver si algún punto os «molesta», os pone nerviosos, o tal vez os parece exagerado, porque seguramente habréis identificado un punto de mejora en vuestra asertividad.
Trabajando en los derechos asertivos:
Yo, por mi parte, identifico varios puntos sobre los que tengo claro que voy a trabajar. Porque, aunque no sin esfuerzo, son herramientas de comunicación que se pueden desarrollar y modificar.
Es un tema de elección personal. Somos libres para decidir qué vamos a hacer con esta información, puede que olvidarla, tal vez contentarnos con identificar nuestros puntos fuertes y débiles comunicativos, u optar por trabajar para mejorar nuestra asertividad.
En cualquier caso, si no ejercemos y defendemos nuestros derechos asertivos, dejaremos que sean otros los que decidan ejercerlos por nosotros.



