DIARIO DE UN NIÑO DE 2 AÑOS

Ana Apesteguia Armijo A3COACHING

diario de un niño de dos añosMi hijo siempre consigue lo que quiere

¿Si, de verdad? Me ocurre a menudo, que al hablar con madres o padres da la impresión de que piensan que sus hijos siempre obtienen lo que quieren, incluso desde nuestro punto de vista de persona adulta podemos llegar a pensar que son unos consentidos y unos manipuladores.

Sin embargo no hay que perder de vista que el niño viene al mundo con la mente abierta, sin ninguna limitación y con la necesidad de experimentar.

Extracto del diario de un niño de 2 años:

Sobre este tema tuve la oportunidad de leer un fragmento del libro Las etapas críticas de la vida, donde Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke escriben el «diario de un niño de dos años»:

Jueves, 8.10: He tirado colonia en la alfombra. Huele bien. Mamá enfadada, la colonia está prohibida.
8.45: He tirado el mechero en el café. Me han pegado.
9.00: En el cuarto de trabajo de papá. Me han echado. Cuarto de trabajo también prohibido.
9.30: He quitado la llave del armario. Jugado con ella. Mamá no sabía dónde estaba. Yo tampoco. Mamá me ha gritado.
10.00: He encontrado un lápiz rojo. Pintado en la alfombra. Prohibido.
10.20: He cogido la aguja de hacer punto y la he doblado. He clavado otra en el sofá. Las agujas están prohibidas.
11.00: Tenía que tomar leche. ¡Pero quería agua! Me he puesto a llorar. Me han pegado.
11.30: Roto un cigarrillo. Había tabaco dentro. No sabe bien.
11.45: He seguido a un ciempiés hasta debajo de la valla. He encontrado cochinillas. Interesante, pero prohibido.
12.15: He comido caca. Sabor peculiar, pero prohibido.
12,30: He escupido la ensalada. Incomible. Pero escupir está prohibido.
13.15: La siesta. No he dormido. Me he levantado y me he sentado en la colcha. Helado. Helarse está prohibido.
14.00: He reflexionado. Constato que todo está prohibido ¿Para qué viene uno al mundo?

Reflexiones sobre nuestro papel de padres y madres

Está claro que este diario de un niño cualquiera, no deja de ser un invento, y en algunas cosas nos sentiremos identificados y en otras no tanto.

Pero nos permite reflexionar sobre todas las cosas que diariamente prohibimos a los niños.

Algunas de ellas necesarias para su seguridad pero también otras muchas que, sin ser realmente importantes, están ahí por costumbres, hábitos o cultura.

  • ¿Cuánto tiempo dedicamos a reflexionar sobre el tipo de prohibiciones que les imponemos?
  • ¿Cuáles de ellas son realmente importantes y debemos mantener firmemente?
  • ¿Cuáles se pueden evitar para dejar a nuestros hijos experimentar sin tener que escuchar el «no» constantemente en lo que hacen y dicen?

Yo os invito a que hagamos un esfuerzo de empatía con ellos y nos replanteemos lo que sentimos cuando creemos que nuestros niños consiguen siempre lo que ellos quieren.

Que nos pongamos en su lugar, con todo un mundo de experiencias interesantes de las que aprender y que seamos capaces de sentir la emoción de lo nuevo.

Y después pregúntate cómo te sientes tú si constantemente te dicen que no y te prohíben, frente a que te acompañen en tu descubrimiento y te alienten.
¿Cuál de las dos opciones hará que aumente tu autoestima y tu seguridad en ti mismo?

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