PROFECÍA AUTOCUMPLIDA: EL EFECTO PIGMALIÓN

el efecto pigmalionEl efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión o profecía autocumplida se refiere al siguiente fenómeno psicológico:

El efecto Pigmalión es el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal manera en su conducta que la segunda tiende a confirmarlas.”

Aplicamos el efecto Pigmalión constantemente en nuestras vidas, algunas veces para bien (confiando) y otras para mal (desconfiando).

Lo aplicamos con nuestros amigos, parejas, jefes, colaboradores,… cada vez que etiquetamos a alguien y actuamos en consecuencia.

El efecto pigmalión en el ámbito profesional:

Pongamos el siguiente ejemplo profesional.

Marcos tiene dos colaboradores, Pablo y Laura. Pablo es, según la opinión de Marcos, una gran persona, pero algo despistado. No es capaz de hacer las cosas bien a la primera, hay que estar encima. Laura, sin embargo es, a ojos de su jefe, una brillante profesional con altas capacidades.

el efecto pigmaliónSi Marcos tuviera que delegar un trabajo importante, lógicamente lo dejará en manos de Laura, a quien le hará llegar toda su confianza y con quien seguramente tendrá cierta paciencia si no lo realiza todo lo bien que él pensaba, la corregirá y lo considerará una excepción.

Si el trabajo tiene que ser delegado en Pablo, Marcos estará mucho más inseguro, lo que también sentirá Pablo, que creerá que está por encima de sus capacidades. Esta inseguridad ayudará a que se equivoque más o dependa más del visto bueno de Marcos, que perderá la paciencia con mayor velocidad y se dirá a sí mismo “ya sabía yo, que no iba a ser capaz”.

Esta situación hará que la próxima vez la brecha entre Pablo y Laura sea algo mayor, aunque no debemos olvidar que hablamos de dos personas adultas, que tal vez hayan conseguido desarrollar el suficiente conocimiento en sí mismos y la autoestima necesaria para que una relación puntual no afecte a su creencia en sí mismos.

Efectos de las etiquetas en los niños:

Ahora pensemos en un ejemplo parecido, pero con los seres más influenciables que existen: los niños.

No perdamos de vista que mientras desarrollan su personalidad, dependen de la imagen que los adultos les devolvemos para “saber quiénes son”. Imaginaros el efecto de las “etiquetas”, de las expectativas que los adultos ponemos sobre nuestros hijos, sobre nuestros alumnos.

El experimento de los ojos azules de Iowa:

Un experimento realizado en 1970 en Iowa por una maestra de primaria con niños de 9 años, demostró que al dividir la clase por ojos azules / ojos marrones, y aumentando la autoestima del primer grupo mediante refuerzos positivos durante unos pocos días, los niños de ojos azules aumentaron sus capacidades mientras que los de ojos marrones se sintieron incapaces y empeoraron sus resultados.

Simplemente porque las expectativas de su profesora, y por lo tanto su comportamiento hacia ellos, fueron distintas.

Seamos conscientes de las etiquetas:

Cada vez que etiquetamos a un niño y esperamos que “sea así”: desobediente, bueno, igual que su abuelo, malo, bruto, princesa, demonio… en cierto modo estamos actuando para que se comporte como esperamos de él. Reflexionarlo un momento. ¿Qué les decimos continuamente que son?

No es fácil no etiquetar, pero es posible.

Pensar que las personas no SON, si no que se COMPORTAN COMO, es el primer paso para dejarles libertad de ser lo que puedan llegar a ser, sin encasillarlos antes de que puedan llegar a definirse y a defenderse.

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